La Confraternidad Evangélica lo intentó hace cuarenta años. Hoy lo intenta Kevin, aunque sus motivaciones son menos espirituales y más desesperadas.
Corría la década de los 80 cuando la Confraternidad Evangélica de Honduras sacudió al país con una propuesta: cambiarle la letra al Himno Nacional. El debate fue encendido, patriótico, profundo. Al final, el himno quedó intacto, la Confraternidad siguió evangelizando y Honduras siguió cantando un himno que nadie se sabe completo.
40 años después, el debate resucita. (Si, hace 40 años fueron los 80’s y ti te siguen dando risa los Chistes de Franco Escamilla). No en el Congreso. No en una iglesia. En la glorieta de la coca de la UNAH-VS, donde Kevin Reyes, 22 años, estudiante de quinto año de Economía, lleva tres horas con la misma hoja del cuestionario Civico.
“Yo entiendo el contexto histórico”, dijo Kevin, que claramente no entiende el contexto histórico. “Pero desde una perspectiva de eficiencia económica, seis estrofas representan un costo de oportunidad significativo que el país ha ignorado por décadas.”
Kevin agregó: “Además, algunas palabras ya no se usan. Eso es deflación lingüística.”
Yo solo le quería pedir el bote de Chile que estaba en su mesa.
La conexión con los 80 llegó por accidente. Kevin, buscando en Google “por qué el himno de Honduras es tan largo” y tropezó con el histórico intento evangélico y experimentó lo que él describe como “una epifanía”.
Lo que Kevin no leyó con suficiente atención es que la Confraternidad, en aquel entonces, quería cambiar el himno por considerarlo incompatible con los valores cristianos (y no tan cristianos) del pueblo hondureño.
Lo que Kevin tampoco leyó es que la Confraternidad ha cambiado de postura desde entonces. Ya no quieren cambiar el himno por razones teológicas. Ahora quieren cambiar el himno porque consideran que es demasiado pacífico.
Específicamente, el punto de quiebre es el verso “serán muchos, Honduras, tus muertos” — verso que la Confraternidad considera “profética en el peor sentido posible”, y, sobre todo, “una invitación que este país lleva décadas aceptando con demasiado entusiasmo”.
“No podemos seguir cantando eso en las escuelas”, declaró un vocero de la organización. “Los niños se aprenden el himno y sin querer se aprenden también una cosmovisión de resignación ante la muerte masiva. Eso no es un himno, eso es un pronóstico.”
Consultados sobre qué verso propondrían en sustitución, la Confraternidad respondió que están en “proceso de oración y discernimiento”, lo cual en términos prácticos significa que tampoco ellos tienen claro qué poner, pero están seguros de que lo actual no puede seguir.
En esto, curiosamente, coinciden con Kevin.
Aunque Kevin preferiría sustituirlo por algo más corto. Como el Himno de Israel (coincidiendo con la Confraternidad). Aunque idealmente una sola línea estaría bien.
La ironía del momento es que Honduras tiene actualmente dos grupos queriendo reformar el himno por razones completamente opuestas: una organización religiosa que lo encuentra demasiado violento para los niños, y un estudiante de Economía que lo encuentra demasiado largo para un jueves.
Ninguno de los dos ha leído el proceso legal que requeriría modificarlo, que involucra el Congreso Nacional, comisiones de cultura, consulta ciudadana y aproximadamente el mismo tiempo que Kevin llevó en la universidad recursando Métodos Cuantitativos II.